Acceso Rapido
Por David M. Dosa, MD/MPH
Traducción por Cecilia Vega

Óscar el gato despierta de su siesta, abriendo un solo ojo para inspeccionar sus dominios. Desde encima del escritorio en el área de expedientes, el gato escudriña las dos alas de la unidad para dementes de la casa hogar. Todo está tranquilo en las partes poniente y oriente del lugar. Muy despacio, se levanta y extravagantemente estira su cuerpo joven de 2 años, primero hacia atrás y después hacia delante. Se sienta y piensa en su próximo movimiento.
En la distancia, un residente se acerca. Es la Sra. P., quien ha estado viviendo desde hace 3 años en el tercer piso de la unidad para dementes. Desde hace ya tiempo ha olvidado a su familia, a pesar de que la visitan casi diariamente. Algo despeinada después de su comida, mitad de la cual está en su playera, la Sra. P. va caminando distraída hacia ninguna parte. Se desliza hacia Óscar, empujando su caminadora y murmurando para sí, con una total indiferencia hacia su derredor. Perturbado, Óscar la mira cuidadosamente y cuando ella pasa, emite un amable “hiss”, como una cascabel, un leve sonido de advertencia que dice “déjame tranquilo”. Ella pasa junto a él sin siquiera mirarlo y sigue su camino. Óscar se tranquiliza. Aún no es el momento para la Sra. P. y él no quiere nada con ella.
Óscar brinca del escritorio, contento porque está solo otra vez y en control de la situación. Se toma unos momentos y bebe de su tazón de agua y come algo rápidamente. Satisfecho, se vuelve a estirar y empieza sus rondas. Óscar decide ir al ala del oeste, en el camino encuentra en el pasillo al Sr. S. recostado en un sofá. Con sus labios ligeramente fruncidos, ronca pacíficamente, quizá dichosamente ignorante de lugar donde vive. Óscar continúa por el pasillo hasta que llega al final y al cuarto 310. La puerta está cerrada, por lo que Óscar se sienta y espera. Él tiene algo importante que hacer ahí.
Después de veinticinco minutos, la puerta se abre finalmente y sale la ayudante de la enfermera llevando la ropa sucia de cama. “Hola, Óscar” le dice. “¿Vas a entrar?” Óscar la deja pasar y entra al cuarto, en donde hay dos personas. Acostada en la cama de la esquina y viendo hacia la pared, la Sra. T, dormita en posición fetal. Su cuerpo está muy delgado y arrasado por el cáncer de mama que ha estado consumiendo sus órganos. Tiene una ligera ictericia y no ha hablado en varios días. Sentada cerca de ella, está su hija, quien levanta la vista de su libro para saludar cariñosamente a su visita. “Hola Óscar. Cómo estás hoy?”
Óscar ignora a la mujer y brinca a la cama. Examina a la Sra. T. Está definitivamente en su fase terminal y su respiración es difícil. La auscultación de Óscar se ve interrumpida por la enfermera que regresa a preguntar a la hija de la Sra. T, si la siente incómoda y si necesita más morfina. La hija mueve su cabeza y la enfermera se retira. Óscar regresa a su trabajo. Huele el aire, echa una mirada final a la Sra. T, brinca de la cama y rápidamente sale del cuarto. No este día.
Regresando por el pasillo, Óscar llega al cuarto 313. La puerta está abierta y él entra. La Sra. K. descansa tranquilamente en su cama, su respiración es pausada pero superficial. Está rodeada de fotografías de sus nietos y otra del día de su boda. A pesar de sus cuidadores, está sola. Óscar brinca a la cama y otra vez huele el aire. Se detiene a pensar en la situación y después da dos vueltas antes de acurrucarse junto a la Sra. K.
Pasa una hora. Óscar espera. Una enfermera entra al cuarto a revisar a la paciente. Se detiene al ver la presencia de Óscar. Preocupada, rápidamente sale del cuarto y regresa a su escritorio. Toma la hoja clínica de la Sra. K y empieza a hacer llamadas telefónicas.
Después de media hora, la familia comienza a llegar. Sillas son llevadas al cuarto, en donde los familiares empiezan su vigilia. El sacerdote es llamado para los últimos ritos. Y Óscar, sin moverse un ápice aún, ronronea suavemente pegando su nariz a la Sra. K. El nieto pregunta a su mamá “¿Qué está haciendo aquí el gato?” La mamá, aguantando las lágrimas, le dice: “Óscar está aquí para ayudar a la abuelita a irse al cielo.” Treinta minutos después, la Sra. K exhala su último respiro. Con esto, Óscar se sienta, ve a su alrededor y sale del cuarto tan silenciosamente que la apesadumbrada familia casi no lo nota.
En su camino hacia el área de control, Óscar pasa por donde está una placa en la pared. En ella está grabado el reconocimiento de una residencia para enfermos desahuciados de la localidad. “Por su compasión en el cuidado de los enfermos, esta placa es entregada a Óscar el gato”. Óscar bebe un rápido sorbo de agua, regresa al escritorio para acurrucarse y tomar un largo descanso. Su trabajo del día, ya está hecho. No habrá más defunciones el día de hoy, no en el cuarto 310 o en ninguno otro. Después de todo, nadie muere en el tercer piso a menos que Óscar lo visite y permanezca ahí por un rato.
Nota: Desde que fue adoptado por el personal cuando era un gatito, Óscar el gato ha tenido una habilidad extraña para predecir cuando los residentes están a punto de morir. Hasta ahora él ha predicho la muerte de más de 25 residentes del tercer piso de la Casa Hogar y Centro de Rehabilitación Steere en Providence, Rhode Island. Su sola presencia en la cama es vista por los doctores y el personal de enfermería como un indicador definitivo de una inminente muerte, permitiendo al personal avisar a la familia. Óscar también ha acompañado a aquellos que de otra forma hubieran muerto a solas. Por su trabajo, es muy recompensado por los doctores y por el personal de la Residencia Steere y por las familias de los residentes a los cuales él ha ayudado.
Ficha biográfica
El Dr. Dosa es geriatra en el Hospital de Rhode Island y profesor asistente de medicina en la Escuela de Medicina Alpert de la Universidad de Brown, ambos en Providence.
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