Sábado, Mayo 19, 2012
   
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Acceso Rapido

Un pájaro negro cantante

Por Eduardo Farah
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Cuando vivía en Dinamarca teníamos un huerto orgánico en el jardín, que al inicio atraía a los venados que se comían las lechugas u otras plantas, hasta que le pusimos un cerco, pues éstos tenían un gran bosque donde podían ramonear.

El suelo que habíamos alimentado mi esposa y yo con carretadas de composta, que generábamos con los desechos orgánicos y las hojas y plantas muertas, después de un par de años era tan suave que se podía meter la mano cuando estaba húmedo y sacar la tierra. Siempre había decenas de gusanos, lo que indicaba que era un suelo vivo con nutrientes. Basta decir que en los campos de agricultura industrial, que usaban todo tipo de químicos y grandes maquinas, el suelo era tan duro, que se requería de una pala y saltar varias veces para que entrara, y claro no había un solo gusano.  Eran suelos muertos, donde sin químicos no crecía nada bien.

Mirlo Común

Nombre científico: Turdus Merula
Envergadura de alas: 34-38 cm
Tamaño (largo):25 cm
Peso: 80-110 g
Edad promedio: 6 años
Edad reproductiva:
1 año
Camada: 3-5 huevos

 

En una primavera empecé en las mañanas a mover y mezclar la tierra con la composta que duró encima todo el invierno, y siempre me acompañaba un pájaro negro que cantaba muy bonito, el cual en cuanto me veía salir volaba y me pasaba cerca mientras piaba; luego se paraba cerca de mi cuando volteaba la tierra y en cuanto veía un gusano… ¡zoom¡, pasaba y se lo llevaba, me imagino que tenía un nido.

Un día trajimos una gatita abisinia, que era una gran cazadora, ya que mis viejos gatos que llevé de México algunas veces trataron de hacer algo con las enormes ratas y éstas, que son las noruegas, grandes y fuertes, les llegaron a arrancar pedazos de piel, así que se volvieron contempladores de roedores. Había el macho llamado Alaska (era todo blanco), que murió debido a su edad y por eso llegó la gatita.

Ésta salía en las mañanas conmigo y se quedaba atrás. Con los días me empezó a seguirme, hasta que llego al huerto, pero ahí el hermoso pájaro negro se le fue encima arriesgando su vida y la asustó e hizo correr; parecía indicarle que ese era su territorio y no lo iba a correr. La gatita que se llamaba Isis entendió y siempre se quedaba afuera del huerto esperándome. Ésta fue toda una historia épica, pero la dejo para otra ocasión, pues el héroe del relato fue el pajarito que defendió sus derechos y que siempre me festejó y yo hasta le enseñaba algún gusano que no podía ver. Y ahora entiendo la frase “dando y dando pajarito volando”.

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