
Por Virgilio Felíx
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Hace unos años, en una tienda de Bosques, estaban unas señoras con los carritos llenos haciendo fila en la caja. Al lado, se encontraban unos albañiles que llevaban unas patas de pollo (no piernas), tortillas y algún refresco. Las diferencias eran notables y mi esposa danesa me dijo en voz baja: “me siento avergonzada”.
En México, a pesar de que existe “desigualdad extrema” (CEPAL), no se ha generado un amplio movimiento de rechazo al status quo, gracias a dos razones estructurales, pero en cambio se inició el crimen organizado.
La primera, estructural, es porque los ciudadanos con aparentemente más iniciativa y ambición, los cuales provienen mayoritariamente de las clases medias bajas y que poseen el mayor potencial para buscar el cambio, se marchan a los Estados Unidos. El 30% de los varones jóvenes de cada generación emigra. Mi hijo, quién trabajó dos meses como albañil en Ciudad Juárez para conocer la realidad, me decía: “Los buenos trabajadores, los que no consumen alcohol o drogas, tienen como único objetivo ahorrar para pagar su paso al país del norte, mientras los más disfuncionales y con adicciones, no piensan o ya no pueden hacerlo”.
La segunda razón es un poco más sutil y la identifiqué mientras visitaba algunas colonias populares. Me intrigó ver que en una misma zona existían claramente dos tipos de casas, todas modestas pero con diferencias significativas. Unas estaban construidas con paredes de tabique y techos de firme, se encontraban pintadas y casi siempre eran de dos pisos. Por lo general, estas casas contaban con lavadora, lo que marca diferencia entre las clases media baja y los pobres, y estaban habitadas por padres trabajadores sin adicciones y por hijos estudiantes o igualmente empleados. Las otras casas, estaban construidas con techos de lámina, sin pintar, y por lo general las ocupaban familias disfuncionales, probablemente sin el padre original, donde las adicciones y la promiscuidad son comunes. Estas últimas, no solamente eran las más pobres, sino que también eran las de familias más numerosas y cuyos hijos, por lo general, se relacionaban con mayor facilidad con el crimen.
Las revoluciones civiles o violentas, se nutren de individuos que provienen de familias donde hubo apoyo mutuo y amor, por lo que al crecer, pueden luchar por causas justas o altruistas que vivieron durante su niñez. En cambio los que provienen de familias disfuncionales, tienden por dolor, o por venganza, a delinquir con más facilidad. Los individuos que se encuentran atrapados en las adicciones son incapaces de pensar en los demás, ya que el vicio es el centro de su vida.
Cuando en estas colonias o zonas suburbanas surge un movimiento de reivindicación social o económica, los individuos son rápidamente penetrados por la jauría de criminales. Éstos, marginan vía presión o violencia física a los “idealistas” y como muchos funcionales emigraron, no existe la masa crítica para enfrentarlos.

¿Será el crimen organizado la próxima revolución Mexicana?
Los partidos políticos, le han hecho el juego al status quo, ya que sus dirigentes se han enriquecido groseramente y han obtenido todo tipo de prebendas. Es un sistema donde esta clase de beneficios se perpetúan, pasando de puesto en puesto, y encubriéndose mutuamente para que todo siga en la impunidad total.
El rechazo al injusto sistema social y económico ha generado violencia. Los marginados más disfuncionales buscan apropiarse, de lo que saben difícilmente obtendrían a través de un trabajo honesto, además de que es muy poco probable que les interese...Estos individuos, se asocian con el crimen organizado, el cual, está integrado por individuos que tienen la suficiente información para trascender sus límites geográficos, los que se constituyeron originalmente para la producción y exportación exitosa de droga a Estados Unidos, mediante la complicidad de algunos policías y políticos claves.
A estos criminales, el aprendizaje los llevó a nuevos territorios, donde incrementaron el robo de autos y camiones de carga, además de incursionar en el lucrativo negocio del secuestro en todas sus manifestaciones.
Así, se formaron organizaciones delictivas y otras más que les siguen. Estos grupos, cobran cuotas de protección a los mismos reyes del narco (por eso la guerra de bandas), a los negocios negros o grises, como son el narcomenudeo, la prostitución, el juego y los bares irregulares. Además, buscan cobrarle un impuesto a toda la cadena productiva, incluyendo la ordeña a Pemex, al estilo del Pissu, miembro de la Mafia Italiana. Lo anterior, hoy en día, ya funciona en los estados de Tamaulipas, Zacatecas, Coahuila, Nuevo León, Veracruz, Chihuahua, Baja California Norte, Quintana Roo y Tabasco.
Es por eso que, en lugar de que exista una guerra revolucionaria, el crimen se organizó con los marginados agraviados para extorsionarlos y quitarle a los sectores legal e ilegal de la economía nacional, un pedazo del pastel.
Un secuestrado de Nuevo león, contó que le dijeron al levantarlo: “tú tienes un negocio ilegal y le robas a todos, no pagas impuestos, así que nos tienes que pagar 5 millones de dólares”. Este individuo, con papeles en la mano, les demostró que era un empresario legal y entonces “sólo” le cobraron en autos y en efectivo 1.2 millones de dólares.



