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Comentario al artículo de Laura Canavati a la telenovela “Las tontas no van al cielo“ que salió en el número 39 en la sección CARTAS. (ver espejored.com)
Los medios como la televisión son dueños de todo un ciclo. Su negocio es vender publicidad y, al mismo tiempo, ellos producen o al menos controlan, los contenidos de los programas que transmiten. Yo no creo que hoy en día la televisión sea un reflejo de la sociedad sino que más es la sociedad un reflejo de lo que se ve en los medios, pues si bien la sociedad es un ente colectivo extremadamente complejo, los medios están controlados por una bien definida voluntad para perseguir un fin.
La telenovela que menciona la Sra. Canavati no creo que sea mala, porque así escribió su libreto alguien y porque ahí cayó de casualidad en ese horario. Esa telenovela está planeada y dirigida, como todos los demás programas y los comerciales que los acompañan. Está dirigida precisamente a la audiencia de las ocho; a los adolescentes.
Un mundo de personas solas, frustradas, con falta de identidad sexual y desarraigado de tradiciones y de familia, es un mundo de personas más fáciles de manipular, que se convierten en mejores consumidores. Consumen más un hombre y una mujer, cuando ambos viven solos, que cuando viven juntos. Consume más un joven que ha dejado la casa de sus padres, que el que continúa con ellos. Consume más un hombre deprimido que uno pleno.
Por esto es que es conveniente, dentro de una estrategia de mercado, fomentar los divorcios, la infidelidad, la promiscuidad, mediante modelos presentados como virtuosos. ¡Se trata de dividir a la familia para incrementar los índices de consumo! ¿Acaso no se han dado cuenta, por ejemplo, de que hace poco junto con una serie de reportajes en los noticieros acerca del trastorno bipolar, venían los comerciales del laboratorio que produce una posible cura?
De la misma manera se ven en los contenidos; parejas infieles y después anuncios de preservativos, lubricantes y aparatitos vibradores. Los medios de comunicación dan un enorme poder a quien los ejerce. Programas de décadas atrás, como “Viaje a las Estrellas” con su Dr. Spock y aquel sueño de llegar a nuevos mundos, está comprobado que generó muchas vocaciones de científicos e ingenieros. Las películas de propaganda de Hitler generaron millones de jovencitos soldados para las fuerzas nazis.
“Las tontas no van al cielo” contribuirá a generar nuevas generaciones de familias rotas, de hombres y mujeres frustrados y solos, cuya esperanza de alegría será ser “Totalmente Palacio”, manejar una Sienna o comer alguna comida chatarra y así, contribuir a incrementar los indicadores económicos de nuestro país y las arcas de los grandes monopolios. Cabe decir que al mismo tiempo, el Sr. dueño de la televisora, mitigará su conciencia con los tiernos anuncios de “tienes el valor o te vale” de su “fundación”.
Al igual que existe preocupación por quien debe o no, poseer armas de destrucción masiva, deberíamos - como sociedad- cuestionarnos si la televisión, y con ella la mente de las futuras generaciones, debiera estar en manos de mercaderes.
José Arce
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