Martes, Febrero 07, 2012
   
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Pista de obstáculos para mi carriola

Por Michelle Lebrun ♦ Publicado originalmente Dic 2009

Voy de paseo con mi hija en su carriola por Musset, disfrutando del día y de su compañía; de pronto me topo con un camión de entrega que me bloquea el paso en la banqueta, por supuesto no solo obstruye un poco el paso peatonal sino ¡toda la banqueta!.

Aun sonrío, no hay problema, camino un tramo por la calle, no pasa nada. Continúo mi trayectoria por Masarik que está lleno de casetas de anuncios hacia el semáforo de Anatole France y de nuevo tengo que bajarme a la calle porque no hay manera de pasar entre los coches estacionados en la banqueta afuera del Banamex (además el fin de semana esta banqueta se vuelve estacionamiento privado de todos los valets).

Ya perdiendo un poco la compostura y el buen humor, respiro profundo y me aventuro por el carril de baja de Masarik, acto que en verdad resulta peligroso. De allí al parque Lincoln.

Para cubrir esta trayectoria tengo que pasar un sin número de obstáculos; principalmente coches estacionados en las banquetas, en las esquinas, incluso en doble fila, y que sin advertencia ni la mínima precaución se echan en reversa sin fijarse si alguien esta haciendo un valiente intento de cruzar la calle y restaurantes que invaden el espacio con cajas y sillas.

Trato de mantener la calma, pero de repente, de la nada, aparece un coche que viene en sentido contrario y en reversa a estacionarse, ya sin la menor compostura o recato, como vieja amargada le grito de groserías. Me vencieron, perdí la paciencia, solo me queda un terrible sentimiento de frustración y de impotencia.

¿Qué podemos hacer si cuando le pregunto a un poli “aquí la gente se puede estacionar como se le de la gana?” y me responde con un simple “sí”.

¿Qué podemos hacer? si estoy segura de que, si nos hubiera pegado el coche, me hubieran echado la culpa a mí, ¡por cruzar la calle sin respetar el paso peatonal o por caminar por el arroyo en lugar de usar la banqueta!
Tenemos que rescatar nuestros espacios públicos, para lograr que un paseo al parque con mi hija en su carriola pueda ser eso, un paseo al parque y no una odisea heroica.

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