Acceso Rapido

Si hay algo de lo que carece esta colonia es de civilidad y es más notorio desde que está la actual administración. Los restaurantes se han apoderado de todas las banquetas, entre sus sillas, sus mesas y los stands de los valets, no hay por dónde circular con la carriola.
Los fines de semana invariablemente tengo que pedirle a la gente que interrumpa su comida para levantarse y dejarme pasar, y ni hablar de la gente que no tiene a dónde esperar su mesa más que en medio del camino. Por otro lado, los “valets parking” no sólo se han apoderado de las calles estacionando los coches en doble fila y obstruyendo los pasos peatonales, sino que también paran el tráfico a media calle para que sus clientes puedan bajar o subir del auto sin prisa alguna. Cruzar la calle con la carriola implica a veces tener que caminar toda una cuadra hasta lograr encontrar una “canchita” entre los coches para pasar de manera ‘segura’. Siempre he sido respetuosa hacia las autoridades, pero me es cada vez más difícil respetar a aquellos que en vez de enseñar poniendo el ejemplo, abusan de su poder y de manera evidente y sin pena alguna se burlan de nosotros.
Hay que admirar cómo los policías de “Polanquito” han forjado amistad con franeleros, ambulantes y conductores de vehículos que con todo su permiso se estacionan en los pasos peatonales y en doble fila. Aquí, en Polanco, parece prevalecer la ley del más fuerte ($$), si no de que otra manera pueden las autoridades justificar la decadencia a la que están conduciendo nuestra colonia.
No puedo, ni me corresponde atacar a una persona en particular dentro de nuestras autoridades, ya que no los conozco personalmente. Lo que sí me permito –en base a lo que he visto y vivido a mí alrededor- es criticar a una administración que por su falta de criterio y de capacidad está contribuyendo al deterioro de nuestra colonia.
Me queda claro que sólo tengo dos opciones: pelearme por preservar una colonia a la que le tengo un mundo de cariño (mis abuelos vivieron aquí, mi papá creció aquí, y ahora yo vivo aquí con mi familia), o mudarme para vender mi patrimonio mientras todavía valga algo, e irme a un lugar donde mis hijos tengan la oportunidad de vivir y donde exista algo de civismo y de respeto. Quedarme sentada con los brazos cruzados no es una opción, y tampoco lo es seguir pagando un predial por el que no veo ningún beneficio.
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