Martes, Mayo 22, 2012
   
Text Size

Buscar

Acceso Rapido

Rápido y furioso

 

Es martes, son cómo las cinco y en el Merotoro, un galán de chaleco amarillo –con complejo de Fittipaldi– acepta esta doble misión: a) estacionar el Accord blanco que dos señoras le confiaron sin titubear, y b) recuperar el Jetta azul de un licenciado que entretanto aprovechará para volver a ponerse la corbata. No saciado, se suma el reto de lograr ambas misiones en menos de un minuto.

Con el encendido del Accord se desata entonces una banda sonora compuesta de acelerones, rechinazos y claxonazos que sólo se detiene durante el par de segundos que le toma a este joven, rápido y furioso, cambiar el coche blanco por el azul. La música vuelve a estallar cuando durante esta operación un reverzaso lleva al Jetta a encallar sobre el muro de treinta centímetros que enaltece el camellón. Sin prestarle atención a los sonidos y sensaciones causados por el impacto, el campeón logra desprender la defensa del paredón y se dispara hacia la glorieta de Iztaccihuatl, donde el enanito que vive ahí lo torea con su franela antes de que el Jetta se enfile sobre la recta final. Tras una tenue desaceleración, Fittipaldi desciende del auto esperando encontrar a un licenciado ansioso por irse, con un billete en la mano. Descubre, sin embargo, a un hombre sereno apenas terminando de acomodarse la corbata. El galán sabe que tardó mucho más de un minuto, por lo que embolsa la moneda que recibe del cliente aparentemente satisfecho y retoma su puesto frente al restaurante, decepcionado consigo mismo.

Sin reclamos, ni mucho menos acelerones, rechinazos o claxonazos, el Jetta –ahora con defensa leporina– se desvanece entre los árboles de la avenida, al tiempo que del otro lado del camellón se empiezan a acumular autos detrás del Accord.

Roberto Camara

 

blog comments powered by Disqus
Find us on Facebook
Follow Us