Miércoles, Mayo 23, 2012
   
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Acceso Rapido

Jungla urbana

Por Encael ♣ publicado Mar 3nd 2010


Este domingo salí de mi Departamento, cercano al Parque del Reloj dirigiéndome al Templo de San Agustín a enfrentarme a los “placeres” de nuestra “jungla, urbana”:

Al caminar tuve que bajarme de la banqueta y circular por el transitado pavimento, al encontrarme estacionados, sobre la misma, varios gigantescos vehículos  perpendicularmente, ocupando la anchura total de la Banqueta.

Superado este primer obstáculo, al regresar a la Banqueta por cierto con desniveles, sufrí el “clásico” “accidente” de pisar inadvertidamente, frescos y mal-olientes excrementos, afortunadamente caninos; y procedí a la consabida acción, de tratar (porque nunca es efectivo) de limpiar las suelas de mis zapatos, en la zona de pasto más inmediata.

Continué hasta encontrar un cúmulo de Restaurantes, que con sus mesas, sillas, equipos de estacionamiento, televisores y demás artefactos, para atraer clientes, ocupan casi la TOTALIDAD disponible de las Banquetas (imagino con autorización PAGADA a las Autoridades Delegacionales); por lo cual tuve que continuar entre atropellos, tanto de transeúntes en sentido contrario, de meseros, vendedores ambulantes, “valet-parkeadores”, etc.; cada quien buscando ejercer sus respectivos derechos de uso de la Vía Pública.

 

Autos invaden la banqueta

Después vinieron la multitud de instalaciones, telefónicas, eléctricas y publicitarias, usualmente ubicadas en las esquinas de nuestros cruceros, viales, como la densa y peligrosa “Avenida Presidente Masaryk” y otra vez, en el tramo anexo al pequeño Centro Comercial, donde se ubica un Mini-Complejo Cinematográfico, al cual se accesa mediante escalones que ocupan la banqueta bloqueando el paso.

Ya más cerca de mi objetivo, al cruzar al parque de San Agustín, estuve a punto de caerme al casi ser arrollado por un repartidor de Pizza, quien me recordó a mi fallecida progenitora. Llegue al parque de San Agustín, y encontré desechos sólidos,  ambulantes, patinadores, ciclistas que ociosamente circulan por el bello, pero minúsculo Parque público, además de unos carritos de motor con niños de pocos años, correteando a la gente que camina y las personas atentas a que no los atropellen. Antes de poner un pie adentro del templo, vi a los mismos pordioseros de siempre a la entrada, cada uno provocando mas lastima, que el siguiente, y aunque ya entendí su negocio, me conmuevo sin quererlo y suelto las monedas.

Sentado en una dura banca, imbuido tanto por los rituales religiosos, como por mis propias meditaciones personales, pensé y decidí, “para mis adentros”, lo que haré, durante las próximas elecciones políticas con las Boletas Electorales en mis manos: Cruzarlas, totalmente, para cancelarlas; con lo cual expresaré mi actual ideología y sentimientos civiles en la materia.

A cada quien, lo que se merece…” 

 

 

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