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Por Eduardo Farah
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Desde nuestra niñez gran parte de los mexicanos o visitamos la Villa de Guadalupe o conocemos su historia, por anécdotas familiares, religiosas o en la escuela. Es un alegre cuento que deja a los niños con emoción y deseo en muchos al crecer de ir a una peregrinación personal o en grupo y darle gracias o simplemente estar con el objeto de su amor: la Virgen de Guadalupe. Para muchos es la madre universal bondadosa.
Alguna vez en mi adolescencia fui a la Villa, como le decimos comúnmente, en un día festivo y me encontré desde la calzada de los Misterios a cientos de peregrinos; en su mayoría gente sencilla. Pese a que venían de poblados alejados y llevaban toda la noche de marcha, les noté la emoción que se translucía al acercarse a la Basílica. Muchos iban de rodillas y al llegar las mujeres, viejos, niños y jóvenes, algunos con el pantalón roto, las rodillas con sangre y otros avanzando en igual condición, sin quejas, estaban como en éxtasis.
Entonces entendí el poder de la fe, y pese a que no soy religioso respeto a estos seres que la tienen, quienes vuelcan su amor de una manera interna con bondad hacia una madre que sienten que los ama.

Estos actos de fe los vi en otras partes del mundo y aún recuerdo a los seres que van a morir en profunda paz al sagrado Río Ganges en la India, que han dejado de comer y se consumen para poder entrar al mundo del más allá. O cuando en 1961 vi a una hermosa joven que cantaba con felicidad en una de las pocas iglesias abiertas de Moscú con lágrimas en los ojos, y como un agente policial mal encarado y rudo del sistema comunista la interceptó y le pidió sus papeles, se los dio, tomó nota y ella partió sabiendo que con ese informe perdería su lugar en una universidad y sería probablemente enviada a un pueblo alejado.
Para los medios las peregrinaciones son sólo un pretexto para ver quien antes dice cuántos llegaron, si se rompió el récord, es un evento más donde lo espiritual desaparece y se juegan con las cifras y hasta los accidentes.
Entre los millones que visitan hay, por decirlo de alguna manera, una inmensa felicidad y paz espiritual, pero también se da un drama humano de cansancio y agotamiento, enfermedades que se agudizan y otras más, así como frío, hambre y muchos otros inconvenientes, pues ir a la Villa no es como ir a misa un domingo.
En los alrededores de la Basílica surgieron comerciantes, algunos dicen que son como los que Jesucristo expulsó del Templo, pero no creo que sea para tanto, pues básicamente venden viandas calientes, bebidas refrescantes y muchísimos símbolos cristianos y marianos. Pero estos estaban en una gran explanada y en los alrededores bloqueando el paso y dificultando la movilidad, agudizando las condiciones insalubres.

Pero alguien se preocupó, pues desde hace una década las autoridades eclesiásticas decidieron arreglar la plaza de 29,000 metros cuadrados, que gracias a una cesión que hizo el GDF del terreno, que era de su propiedad, se pudo iniciar el proyecto, pero se había atorado y finalmente la Fundación Carlos Slim ofreció hacerla gratuitamente pensando en el beneficio de los peregrinos y así fue.
La obra de la Plaza Marina se inició hace más de una década, donde hubo pequeños avances y largos espacios sin hacerse nada. Con muy poco adelantado, finalmente en junio del 2010 la Fundación Carlos Slim se decidió a realizar la obra, la cual quedó terminada 15 meses después.
Los proyectos iniciales fueron desplazados, pero como ya estaba parte de la columnaria el arquitecto Fernando Romero Enterprise realizó un proyecto propio, con un diseño simple y limpio, y sobre todo funcional para los peregrinos, ya que cumplía con las necesidades de la Iglesia.
Éste se llevó a cabo sobre un terreno (desplante) de 29,534 metros cuadrados, en un rectángulo con una cruz latina de cristal observable desde cierta altura que lo cruza hacia los cuatro puntos cardinales. El rectángulo de la parte baja derecha tiene el escudo del Papa Juan Pablo, que tanto amor y devoción género en nuestro país con los creyentes y hasta respeto de los que no lo son. Este escudo es una imagen compuesta por más de 60 mil piezas de vitroblock de la Virgen de Guadalupe, que tiene la doble función de ser vitral para el edificio de Las Criptas y proyectar una imagen luminosa de La Guadalupana durante la noche. A la vez es el tragaluz y pantalla de luz hacia el firmamento.

El cuadrante del rectangular se divide por la cruz en cuatro edificios, todos de dos niveles, conectados por una zona central de tránsito, una zona de servicios públicos y dos estacionamientos, uno general para 290 vehículos y el otro del mercado con 186 unidades. Estos son:
Un Centro de Evangelización de más de 9,900 m2, destinado a usos múltiples, que contará con aulas, auditorio, oficinas de atención al peregrino y demás instalaciones que le permitan a la Iglesia desarrollar su labor pastoral.
Hay 120,000 nichos funerarios y capillas para recordar a los difuntos, en un Columbario con más de 53 mil 144 criptas en la planta baja y 61 mil 248 en el primer piso. La planta está diagramada en óvalos concéntricos, cuyo vórtice conduce a una capilla central bajo la luminosidad de miles de vitroblocks dispuestos topográficamente para proyectar la silueta y el color de la imagen de la Virgen de Guadalupe. El techo del edificio de criptas será además una plaza a cielo abierto, en donde el peregrino podrá admirar el tragaluz-vitral guadalupano y las 27 advocaciones marianas de América, que serán expuestas en el muro poniente del Museo Interactivo.
Un mercado que será administrado por el Gobierno de la Delegación Gustavo A. Madero, con 10,000 m2 de superficie para locales y 3,382 m2 de estacionamiento.

Un Museo Interactivo que tendrá un área de construcción de más de siete mil metros cuadrados, lobby, vestíbulo y cafetería; contendrá también un centro de atención gratuita al peregrino con 16 consultorios, sala de espera y áreas administrativas. En el edificio del museo se construirán también poco más de 500 m2 de locales comerciales, que contribuirán también al mantenimiento del conjunto a futuro.
La obra fue acompañada de importantes obras de pavimentación y arreglo de las vialidades del GDF, que confluyen en la Basílica y se construyeron, además del mercado interior, cuatro plazas externas para los peregrinos.
Este proyecto, a parte de apoyar a los peregrinos, generará un detonante que mejorará notablemente la zona del corredor hacia el Centro Histórico, Reforma e Insurgentes.
Finalmente un centro religioso, el más visitado del mundo, con hasta 20 millones de personas, digno de la divinidad que representa en el corazón de la nación.

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