Miércoles, Mayo 23, 2012
   
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El suicidio de la contaminación

Por Eduardo Farah
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En un reciente estudio la BBC publicó que el cerebro humano, como un mecanismo de supervivencia, trata de rechazar por sistema las malas noticias y olvidarlas lo más rápido posible. El porqué está en que generan estrés y éste perturba el sistema hormonal e inmunológico, los cuales al afectarse pueden alterar la salud del individuo.

La negación de la adicción al alcohol, droga, gula, tabaco, etc., está muy bien documentada en los que las padecen, cuya rehabilitación, por cierto, sólo se inicia cuando el enfermo reconoce que está mal y busca ayuda externa o trata solo de revertir su adicción. Finalmente cuando van con personas especializadas en busca de ayuda, como profesionales y mejor aún con exadictos, tienen buenas posibilidades de rehabilitarse, siempre y cuando estén decididos.

Entonces por qué la contaminación atmosférica generada en un 75% por la combustión de automotores en nuestra ciudad es ignorada. Está estudiada a detalle y las investigaciones al respecto indican que afecta gravemente la salud y, según un estudio publicado por la Harvard School of Public Health en 2009, los habitantes de Pekín y la Ciudad de México vivirán entre tres y cuatro años menos debido a lo que respiran, que es como habitar bajo el mismo techo con un fumador activo. Mario Molina afirma que mueren cuatro mil personas al año por la polución. Habrán notado como en invierno aumenta por el fenómeno del esmog por la inversión térmica, además del frío, gente que se enferma de las vías respiratorias o el corazón y muertes innecesarias de seres queridos, amigos y conocidos por la contaminación.

En la Ciudad de México circulan más de cinco millones de vehículos automotores, uno por cada cuatro habitantes. Muchos de ellos son tremendamente contaminantes, especialmente los Micros y camiones del Estado de México (los de Diesel), más la mitad de autos viejos con carburador. Los políticos defeños declaran, por cierto, que la contaminación fue reducida gracias a sus acciones.

En efecto, la contaminación en sus diferentes componentes, excepto en el ozono que aumentó, se ha reducido, aunque dicen los expertos que se debe a que cambiaron la gasolina por una importada, sin plomo y menos contaminante. Los oficialistas afirman que el hoy no circula ha ayudado, pero en mi experiencia después de preguntarle a muchos taxistas y personas cuyos autos obviamente no cumplen con la norma, siempre responden que los “verificentros son un cochinero de corrupción”. Imagínense si llegan unos 300 autos diarios, al menos la mitad paga mordida y ésta es de 300 a 600 pesos, o sea, unos 30 ó 50 mdp anuales, lo mismo que las gasolineras que dan del 5 al 15% menos de gasolina. El verdadero negocio es la corrupción, no la venta de gasolina, ni de verificar autos.

En fin, qué hacer además de chatarrear los automotores contaminantes, ya que un auto viejo produce entre 10 y 30 veces más polución que uno nuevo.

La solución entonces sería estar decididos tanto en el DF como en el Estado de México a desincentivar el uso del auto y otras medidas, por ejemplo:

Aumentar el impuesto de acuerdo con el vehículo que use más gasolina por kilómetro. Con eso dejarían de usarse esas gigantescas camionetas de tres toneladas, lo que además de ahorrar combustible ocuparían los mini autos la mitad del espacio de calle. Esta política estaría acompañada de un impuesto extra a los combustibles (a autos y no al transporte público), buscando reducir su uso en un 40%, además disminuirían los congestionamientos, que son fábricas de humo.

No permitir motores contaminantes en autos viejos, motores de Micros y camiones de carga. Estos son culpables de entre el 60 y 70% de la contaminación.

A fin de reducir la contaminación, además de mejorar la movilidad, es necesario cobrar por estacionar vehículos en las zonas saturadas de los mismos, como en Madrid o París, instalando parquímetros con escala de costo dependiendo la hora y el lugar (otorgando permiso a los vecinos que no cuenten con cochera, para estacionar su vehículo sin pagar la cuota correspondiente y utilizando el 30% del total de los ingresos de dichos parquímetros para rehabilitar el espacio público de la colonia y mejorar la calidad de vida de sus habitantes además de otorgarle una mayor plusvalía a sus inmuebles al contar con mejores espacios; alumbrado, jardinado, señalización vial y peatonal, entre otros).

Seguir promoviendo el transporte público limpio, eficiente y seguro, como el Metro, el Metrobus, los autobuses y trolebuses, aunque falta articularlos racionalmente.

Crear toda una cultura de la bicicleta, con vialidades, estacionamientos y educación al automovilista, peatón y ciclista (en Copenhague y Ámsterdam entre el 35 y 50% de las personas se moviliza en bici).

Crecer hacia adentro y hacia arriba la ciudad y no hacia afuera y con baja densidad, que hace que la gente tarde entre tres y seis horas diarias en movilizarse (del 25 al 40% de la vida en transportes=El Horror). Además urge reforestar parte del valle de México, que ha sido talado e invadido por la mancha urbana, para pasar de unas 80 mil hectáreas a unas 400 mil, o sea, un cinturón verde en vez de destructivos desarrollos e invasiones.

Perdón, se me olvidaba lo más importante, tener banquetas anchas, sin obstáculos y arboladas que le sirvan al que debería ser el rey de la ciudad: el peatón.

El bien común debe estar por encima del capricho o intereses egoístas de los individuos.

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